Las Culpas de las Madres que trabajan II

Como los niños perciben nuestro sentido de culpa y lo manejan a su beneficio. Haciéndonos sentir peor para que después los compensemos con regalos.
Como si lo anteriormente hablado fuera poco, el ingrediente de la culpa se agrega a todo esto, ya que la mujer que labora fuera del hogar se enfrenta a un alto grado de exigencia por parte de quienes la rodean. Por un  lado, el jefe exige el maximo rendimiento sin importarle si el hijo la desvelo la noche anterior con sus pesadillas, o si este se enfermo y tuvo  que dejarlo al cuidado de la abuela.
El marido pide su cena caliente a la esposa aunque ambos hayan llegado al mismo tiempo de trabajar. Si no hay marido entonces son los hijos o los padres los que la esperan para resolver problemas.
El padre de sus hijos exige atención y cuidados para ellos y le echa en cara el tiempo que deja solos a los niños mientras se va a trabajar.
En nuestra cultura, seguimos reforzando los roles tradicionales. Por generaciones, las mujeres hemos estado programadas así y nos cuesta gran esfuerzo la “reprogramación”.
Aun en nuestros días, si un padre tiene que viajar por su empleo y deja de ver a sus hijos una semana, es visto como un hombre laborioso y responsable; sin embargo, si lo mismo le ocurre a una mujer (madre), resulta ser ante los ojos de los demás y ante su mas interno yo, una mujer culpable por “dejar abandonados a sus hijos”.
Si las mujeres queremos cambiar sin ocuparnos de promover una autentica transformación en el núcleo familiar, entonces nos sentiremos muy presionadas, porque el hecho de trabajar en una oficina no nos libera de las tareas del hogar.
Los hijos, por su lado, demandan atención, cuidados y mimos, sin importarles que su mama haya llegado a casa con los pies hinchados y la cabeza aturdida de tratar con clientes o simplemente por su labor de 8 horas.
Además, la sociedad le exige a esa misma mujer que esté arreglada, que cuide su cuerpo, su salud y su cultura sin dejar de hornear pasteles, de coser y contar cuentos.
Para un niño, el hecho de que su madre salga al trabajo por primera vez significa un verdadero abandono. Si este pequeño estaba acostumbrado a tenerla todo el día junto a el, cuando esta situación cambia, la vive como un fuerte duelo que se reflejara en su conducta.
A veces, el trabajo fuera de casa te obliga a criar hijos autosuficientes, a pesar de que la tendencia natural de las madres es la de “allanarles el camino a los hijos” y evitarles sufrimientos (lo cual conlleva a retrasar su camino hacia la madurez).
El niño que por determinadas circunstancias tiene que resolver problemas por si mismo, logra madurar antes y se libera de la “adicción a ser atendido por su madre”.
DISFRUTA TU TIEMPO EN CASA
No pelees por lo que no se hizo en tu ausencia. Mejor ofrece recompensa a cambio de la tarea terminada o el cuarto recogido. Si llegas a tu casa como un policía, adoptaras una actitud implacable y después te sentirás mal por dedicar el poco tiempo del que dispones para compartir con tus hijos a regañarlos.
Haz que valoren tu esfuerzo, que sepan que gracias a tu trabajo se paga el colegio y pueden estrenar zapatos. Diles que el tiempo que dedicas a tu trabajo es tiempo también tiempo dedicado a ellos en forma indirecta, pero no pr eso menos valioso.
No permitas que te chantajeen o que justifiquen sus fallas por el hecho de que tu no estas con ellos. Recuerda que la meta de una madre es formar hombres y mujeres independientes y responsables.
ESTABLECER RUTINAS DE CONVIVENCIA.
Procura comer o cenar en familia por muy cansada que te encuentres o por muchas tareas que tengas. Haz que ciertos momentos en casa sean sagrados y que solo una emergencia pueda suspenderlos, porque para una madre trabajadora estos ratos significan muchísimo.
VUELVE PRODUCTIVA LA CULPA.
La culpa que se estanca, se queda como tal y solamente pesa en la espalda; pero la culpa productiva nos echa a andar hacia la reparación del daño causado.
Si te sientes culpable por trabajar, tu labor educativa se va a ver contaminada y tus hijos obtendrán permisos o regalos que no merecen ni necesitan, porque tu pretendes “pagar” por algo que es para ellos mismos. Es difícil que un niño acepte que su mama no esté con él por su bien. Tal vez hoy no es el momento de que recibas reconocimiento o comprensión de ellos por lo que haces. Tal vez deban pasar muchos años para que ellos entiendan tu cansancio, tu doble esfuerzo y tu gran mérito. Mientras tanto seguirán quejándose, porque a su juicio no los entiendes.
Cuando el día de mañana tu hija o hijo le toque salir a buscar el sustento diario para tus nietos, sin importarle el esfuerzo o el sacrificio que eso implica, podrás sentirte satisfecha, porque fuiste el modelo de entrega que ellos siguen. Educaste a tus hijos para que el día de mañana fueran independientes, maduros y autosuficientes, para que pudieran ser esas fuertes columnas que sostienen el camino del progreso en beneficio de una nueva generación, en fin, para que sean el pilar de sus familias. A.A

8 Respuestas a “Las Culpas de las Madres que trabajan II”

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