Las paredes oyen…

La sentencia “las paredes oyen” significa que pueden oírnos personas indiscretas cuando decimos una confidencia a un amigo.  ¿Cuántos y dónde se originó esta sentencia?  En castellano consta por primera vez en forma escrita en el drama Tragicomedia de Calisto y Melibea, más conocido como La Celestina.  La primera edición data de 1499, en Burgos.

En el primer acto, escena tercera, el personaje Sempronio expresa: “Callemos, que a la puerta estamos, y, como dicen, las paredes han oídos”.  En ese tiempo, el verbo ‘haber’ aún conservaba el sentido latino de ‘tener’. Las palabras de Sempronio “como dicen” revelan que tal sentencia ya era uso común.  (o sea, más de un chismoso indiscreto circulaba por ahí).

Las paredes oyen es el título de un drama, estrenado en 1617, de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, México 1580 / Madrid 1639).  El Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), de Gonzalo Correas, registra “las paredes tienen orejas y ojos”.

Para algunos paremiólogos (expertos en refranes), aquella sentencia se originó en Francia a fines del siglo XVI. Se afirma que la reina Catalina de Médicis (1519-1589), mandó horadar las paredes de sus palacios a fin de escuchar conversaciones ajenas.  Catalina trataba así de saber quiénes defendían a los hugonotes (protestantes), los cuales ella detestaba.

Es posible que “las paredes oyen” sea una metáfora inventada hace muchos siglos en más de un lugar, pues en todas partes y épocas ha habido indiscretos.

Yo adicionaría a estas palabras originales de Víctor Hurtado Oviedo, que en la actualidad, con la evolución de la tecnología, ya no escuchan las paredes sino las “redes”, porque ya sabes: Facebook vemos, pero inbox no sabemos!

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